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Palacio: un estilo de perdedor que no se sintoniza con la tendencia de los pueblos

Este año ha sido altamente positivo para los ecuatorianos, que se están acostumbrando a pelear con decisión, y a ganar.

26 de abril de 2006

El Gobierno pierde en cualquier escenario: tanto si firma como si no firma el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos. En el primer caso grabaría su nombre como uno de los más vendepatrias de la historia del Ecuador, imagen que empeora si se considera que su presencia al frente de este fugaz Gobierno es nada más que circunstancial. Pierde también por la reacción que devendría si se firma el TLC; porque podría incluso realizarse aquella consigna que se ha gritado durante las movilizaciones de trabajadores, estudiantes, maestros e indígenas: “TLC firmado, Palacio derrocado”.

Pierde si no se firma el TLC: su perfil sería por siempre el referente de la incapacidad, de la ineptitud, del político cuya palabra y propuestas no tienen ninguna validez. En realidad Alfredo Palacio siempre se dio modos para perder: perdió cuando se atrevió a ofrecer el 20 de abril la ‘refundación de la república’ y lo único que logró fue la ‘refundición’ de ella: mientras por un lado los ingresos de recursos por las ventas de petróleo crecieron en más de 2 000 millones de dólares, la inversión en educación y en salud no creció en nada. Perdió cuando habló de ser un Presidente para lo social, y lo único que ha hecho es firmar miles de Decretos y compromisos (está entre los que más ha firmado en la historia republicana del Ecuador), por alrededor de 1 000 millones de dólares, que no quiso y no pudo cumplir.

Perdió cuando dijo que no habrá manipulación de las Fuerzas Armadas y lo que hizo es volverlas un apéndice de los aparatos de Seguridad de los Estados Unidos y Colombia, y además convertirlas en aparato policial para reprimir las manifestaciones populares.

Perdió cuando dijo que en el país se acabó “la dictadura”, el autoritarismo, y no ha dudado en intervenir medios de comunicación, en perseguir a periodistas y decretar Estados de Emergencia que violentaron derechos humanos y eliminaron las libertades democráticas y políticas de los ecuatorianos. En este primer y único año de su gobierno, Alfrado Palacio asumió el papel de uno más de los títeres que el imperialismo ha manipulado a su antojo.

Por otro lado, toda la ficción que los grandes medios de comunicación se encargaron de generar desde el 20 de abril, con héroes casi virtuales como los “forajidos” y planteamientos reencauchados de reformas al sistema que garanticen su vigencia, ha sido superada por la lucha elevada y consciente de los trabajadores y los pueblos, que han puesto al centro los temas vitales para el Ecuador del futuro: la defensa de la soberanía, como requisito indispensable para caminar hacia el desarrollo, la defensa de sus legítimos derechos y la pelea por la reconquista de aquellos que han sido usurpados por los poderosos en todos estos años, y la necesidad de un proceso político de profundas transformaciones para el Ecuador, que tenga como protagonistas principales a quienes generan la riqueza: los trabajadores y los pueblos. En este sentido, este año ha sido altamente positivo para los ecuatorianos, que se están acostumbrando a pelear con decisión, y a ganar.

 

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